A veces te miro
como si el mundo hubiera aprendido
a quedarse quieto.
No es que seas perfecta,
ni falta que hace.
Es que cuando hablas
las cosas encuentran su lugar:
la mesa, la tarde,
este corazón que no sabe
donde ponerse cuando te acercas.
Hay días en que te pienso
como quien toca una herida
para saber si todavia duele.
Y si, duele un poco,
pero es un dolor amable,
como recordar la lluvia
cuando uno está lejos de casa.
Si algún día te vas,
porque todos nos vamos de todo
quiero que sepas
que en alguna parte de mí
vas a seguir viviendo
como viven las cosas sencillas:
el olor del café,
una canción vieja,
la costumbre de pronunciar tu nombre
cuando nadie está mirando.
Y es extraño,
pero quererte se parece mucho
a aprender a respirar.
Uy que romántico poema. Me sacaste un suspiro. Te mando un beso.
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