en que tu ausencia no era silencio,
era un ruido constante,
como un edificio cayendo
dentro de mi pecho
No era solo extrañarte,
era despertarme con la certeza
de que el mundo había perdido su centro
Las calles eran más largas,
las noches más extrañas
y el espejo me devolvia
la imagen de un hombre que no vivía
Te lloré en secreto,
en los baños del centro
en el humo del tabaco ajeno,
en las canciones que ya no recuerdo..
-Hola-
-Tu voz saltó al otro lado de mi puerta-
No fue un estruendo,
fue un susurro temblando entre tus labios,
como si también tú
hubieras sobrevivido a tu propio invierno
-Te echo mucho de menos...


