Hoy no seré el dueño de tu noche;
me basta con ser el pensamiento
que te robe una sonrisa
justo antes de cerrar los ojos.
Porque hay besos
que empiezan en los labios,
y otros,
mucho más peligrosos,
comienzan en la imaginación.
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Hoy no seré el dueño de tu noche;
me basta con ser el pensamiento
que te robe una sonrisa
justo antes de cerrar los ojos.
Porque hay besos
que empiezan en los labios,
y otros,
mucho más peligrosos,
comienzan en la imaginación.
Quiero aprender tu cuerpo
como se aprende un idioma antiguo,
despacio,
palabra por palabra,
hasta hablarlo dormido.
Tu espalda
es la primera línea
de un poema que no termino,
y cada vez que te recorro
descubro un verso nuevo,
escondido.