Hay jardines que florecen cuando pasas,
como si supieran
que eres tú la primavera.
No hace falta que los riegues,
ni que les hables,
ni que vuelvas.
Basta con que existas en el mundo,
para que algo, en algún lugar,
florezca.
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Tu nombre no me cabe en la boca,
se desborda,
se vuelve poema
antes de que pueda pensarlo.
Si alguna vez me preguntan
qué es el amor,
no voy a explicarlo -
diré tu nombre
y me quedaré callado.
Hoy no seré el dueño de tu noche;
me basta con ser el pensamiento
que te robe una sonrisa
justo antes de cerrar los ojos.
Porque hay besos
que empiezan en los labios,
y otros,
mucho más peligrosos,
comienzan en la imaginación.
Quiero aprender tu cuerpo
como se aprende un idioma antiguo,
despacio,
palabra por palabra,
hasta hablarlo dormido.
Tu espalda
es la primera línea
de un poema que no termino,
y cada vez que te recorro
descubro un verso nuevo,
escondido.