"google-site-verification" content="uIbgwtlYvseD_tZvbvkQQHF0G0Lyim8K307d2wOIhU4" /> "Un espacio de poesía personal"

martes, 23 de junio de 2026

Piel y memoria.

 


Quiero aprender tu cuerpo

como se aprende un idioma antiguo,

despacio,

palabra por palabra,

hasta hablarlo dormido.


Tu espalda 

es la primera línea

de un poema que no termino,

y cada vez que te recorro

descubro un verso nuevo,

escondido.


sábado, 20 de junio de 2026

La noche tiene tu tamaño.



Te fuiste
y desde entonces
la noche tiene tu tamaño.

Intento dormir,
pero tu ausencia
ocupa demasiado espacio
en la cama. 

miércoles, 17 de junio de 2026

Vino que no se sirve.


No eres copa,
eres botella cerrada con su propio tiempo,

y yo aprendí

que abrirte rápido
es perder lo mejor del intento.

Quiero el corcho saliendo despacio,

el aroma antes que el sabor,

embriagarme en lo que tardas
en decir que sí

con todo el cuerpo.

lunes, 15 de junio de 2026

Los labios que hoy no me han premiado.





Si despiertas mañana
y todavía me quieres,

si al abrir los ojos
me haces un sitio pequeño
en tu primer pensamiento,

yo podría vivir de eso
muchos años.

No necesito más.

Ni promesas, 
ni juramentos

ni esas palabras grandes
que a veces se rompen solas.

Me basta saber
que al despertar
me buscas.

Si me miras,
si me das esa luz sencilla
que tienen tus ojos

cuando olvidan defenderse,
entonces todo cambia.

La sangre encuentra su camino,

el día deja de pesar,

y esta tristeza vieja
que a veces se sienta conmigo

sale por la puerta
sin hacer ruido.

Y si hablas,

si pronuncias mi nombre
como quien toca algo querido,

yo me quedo quieto,

escuchándote,

porque hay voces
que parecen hechas
para salvar a los hombres.

Pero si además
acercas tus labios a los míos,

si me concedes
ese milagro pequeño
que cabe en un beso,

entonces ya no sé.

Las palabras sirven de poco.

Uno se vuelve incendio,
agua,
temblor,

y quisiera quedarse allí,
viviendo para siempre.

Por eso te espero.
No con impaciencia.
No con reclamos.

Te espero
como esperan los arboles la lluvia,

como espera la noche
la primera estrella.

Porque todavía me debes 
tus labios,

ese premio
que hoy
no me has dado.

 

jueves, 11 de junio de 2026

Lo que resta.






Cuando se acaben las palabras hermosas
y quede solo la vida con su ropa de diario,

cuando seamos dos personas que comparten
el cansancio y la nevera y el mismo techo,
ahí seguiré eligiéndote,

con esa voluntad sorda y sin adornos
 del hueso que sostiene al cuerpo entero

sin que nadie lo vea
ni lo agradezca.

Porque amarte
no es el instante del relámpago,

es ser el suelo que lo recibe,

la tierra que guarda el calor del rayo
 mucho después
de que el cielo se haya cerrado.

Somos de esa clase de amor
que no deslumbra,

que alumbra despacio,

como una hoguera en invierno
alrededor de la cual
uno no quiere dejar de estar.

 

martes, 9 de junio de 2026

Hasta mis huesos.



 Si te despiertas
con la venia de quererme,
te juro
que no hay vida sin tus besos,
pues solo por el hecho
de quererme,
para siempre 
te entrego hasta mis huesos.

Si abres tu ojos
y me obsequias
la tierna luz de tu mirada,
con ella,
transitado por mis venas,
te miento
si no escapan de mi alma
las mieles que nos duermen
tras el fuego.

Si besas mis palabras
cuando arrullan tus pechos,
que danzan con soltura,
desafiando,
porfiados,
 tu hermosura;
que cabalga 
sin frenos ni cordura
sobre el mástil bendito,
que, queriendo imitar
la dulzura de tus ojos,
defiende
con fiereza y ternura
los labios 
que aún no me han premiado.



sábado, 6 de junio de 2026

Lo que no tiene nombre.

 



Eres el primer sorbo de agua
después de una sed que duró años.

Eres la calma que no sabía que me faltaba,
el silencio que por fin suena a hogar.

Cuando sonríes
florecen cosas dentro de mí
que yo no sabía que tenían semilla.

Te quiero con la misma terquedad
con que el invierno se vuelve
primavera,
sin saber bien cómo,
pero sin poder evitarlo.

Eres el poema que no supe escribir
durante toda mi vida,
y ahora que te tengo
las palabras llegan solas,
descalzas,
como si siempre hubiera sabido
el camino hacia ti.

He aprendido a leer el mundo
desde tus ojos,
y todo se ve más suave,
más digno de ser vivido.

Qué cosa tan extraña y tan exacta,
que entre toda la gente del mundo
fuera tu mano la que buscara la mía,
como si las dos hubieran hecho 
un pacto muy antiguo
que ninguna recuerda
pero que ambas cumplen.

Eres mía de la única manera
en que quiero que algo sea mío:
libremente,
como quien vuelve a casa
porque quiere,
porque ahí huele bien,
porque ahí late la vida.