Deja que bailen tus manos
como musgos frescos y divertidos,
déjalas que se deslicen
bajo el abanico silvestre
de tus ojos
Deja que fluyan
que se esparzan desorientadas
que olfateen la brisa
que viene subiendo así
de prisa
y que escapen luego
en desbandada.
Déjalas que galopen
que viertan su manantial
sobre mi espalda
y que abran mi caudal
desesperado y tibio
tras la melodía
de tu garganta,
para que retoñen
todas las flores
y todas las mañanas
de verde esmeralda
Déjame que me ocupe
déjame arrebatarles de la duda
y de la pausa
y de todas las distancias
para entender entonces
de una vez
por qué no hay paz
cuando me faltan.

Las manos dicen mucho de ti. Un beso
ResponderEliminarMereces que esas manos te aplaudan.
ResponderEliminarSaludos.
Mis manos te aplauden, porque este poema me parece una delicia, me ha encantado.
ResponderEliminarQue no te falten nunca esas manos.
Feliz finde Gil.
Un abrazo
Las manos son portadoras de caricias y son las que de algún modo calman y dan cariño
ResponderEliminarTu poema es una muestra de ello
Un abrazo.
Las manos amadas! Gracias por la música que no se apaga al comentar, un abrazo Gil!
ResponderEliminarSus palabras me tocan como una brisa tibia en lo más hondo del corazón.
ResponderEliminarPasan suavemente por el alma, llenas de imágenes vivas
y de una sensibilidad que hace temblar el silencio.
Cuando lo leo, tengo la sensación de abrir la puerta
de un jardín secreto de sensaciones,
donde cada verso respira lentamente
y cada palabra se vuelve música.
Su poesía posee ese don raro:
no se limita a ser leída,
hace nacer paisajes dentro del alma
y enciende horizontes en la mirada.
Solo quería decirle
toda la admiración que siento por su escritura —
libre, vibrante, atravesada de luz
y de ese deseo que hace latir las palabras.
En sus versos vive una fuerza suave,
una ola silenciosa
que se lleva el corazón de quien se abandona a leerlos.
Gracias por compartir una belleza así.
Porque sus palabras no pasan…
permanecen
y siguen habitando por mucho tiempo
el espíritu de quien tiene la fortuna de leerlo.
Veronique
El poema celebra el eros y la entrega. Las manos —símbolo del deseo y la ternura— se convierten en torrente vital que despierta la naturaleza. La voz poética anhela unión y continuidad, la fusión de los cuerpos como vía hacia la plenitud. Sin ellas, reina la ausencia: la inquietud del amor.
ResponderEliminarQué buena loa poética a las manos, para esenciar su naturaleza, através de las expansivas anáforas. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarLindo poema le dedicas a las manos que juegan un papel muy importante en nuestras vidas.
ResponderEliminarAbrazos.
Poemazo! Muy elegante y delicado.
ResponderEliminarTe aplaudo.
Un abrazo.
Romántico y apasionado poema. Me hiciste suspirar. Estar junto a quien a mas es un regalo. Te mando un beso.
ResponderEliminarEsas manos son puro corazón... qué maravillosamente bailan en tus preciosos versos!
ResponderEliminarUn abrazo
Dejarlas que galopar. Bien lo cuentan tus versos.
ResponderEliminarBuen marzo.
Un abrazo.
Belleza y ternura en esas manos, que lindo poema, felicitaciones.
ResponderEliminarmariarosa
Sonoridad, cadencia, ritmo, perfección... Qué agregar? Un lujo leerte, Poeta!!
ResponderEliminarHola Gil. Un poema precioso. Las manos siempre hablan por sí solas en muchos sentidos. Unas son muy coquetas, mientras otras estan lamentablemente dejadas y abandonadas por falta de amor.
ResponderEliminarSaludos.
Mónica
El poema transmite una sensualidad delicada y natural, donde el movimiento de las manos se convierte casi en un lenguaje propio. Me gusta cómo mezcla imágenes de la naturaleza con el deseo, creando una atmósfera íntima y suave que fluye con mucha musicalidad.
ResponderEliminar"Deja que vuelvan tus manos
como hojas sobre el agua,
que rocen mi silencio
y despierten la calma
que en tu piel se derrama.
Porque cuando se alejan,
la noche queda vacía
y el viento de mi pecho
pregunta todavía
por la tibieza perdida".
Un abrazo
Muy bonito el poema, me gustó mucho. Besos.
ResponderEliminar