Si te despiertas
con la venia de quererme,
con la venia de quererme,
te juro
que no hay vida sin tus besos,
pues solo por el hecho
de quererme,
para siempre
te entrego hasta mis huesos.
Si abres tu ojos
y me obsequias
la tierna luz de tu mirada,
con ella,
transitado por mis venas,
te miento
si no escapan de mi alma
las mieles que nos duermen
tras el fuego.
Si besas mis palabras
cuando arrullan tus pechos,
que danzan con soltura,
desafiando,
porfiados,
tu hermosura;
que cabalga
sin frenos ni cordura
sobre el mástil bendito,
que, queriendo imitar
la dulzura de tus ojos,
defiende
con fiereza y ternura
los labios
que aún no me han premiado.
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