La otra noche,
por vez primera,
vi a la luna
celosa de una mujer.
Y no la celaba
porque a mi lado volara,
No la celaba
porque mis ojos,
náufragos en los suyos,
se perdieran
en la inmensidad de su mirada
No la celaba
porque mis labios
por sus labios ansiaran.
La celaba
porque las estrellas,
todas las estrellas del universo,
extasiadas, la miraban.

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