Tu cuerpo es un país
que no aparece en los mapas
pero al que siempre sé como llegar.
Tiene sus curvas,
sus olores a mañana fresca,
sus valles
donde puedo perderme sin querer
y no lamentar nada.
He recorrido tu geografía
con las manos, con la boca,
con esa torpeza feliz del que descubre
que no necesita brújula
porque ya conoce el camino
de memoria.
Eres el único territorio
donde no me siento extranjero
donde el cuerpo entiende
lo que la cabeza no puede explicar.
Viviría en ti
como se vive en una patria:
con gratitud, con arraigo,
con la certeza de que no hay otro lugar
al que valga la pena
pertenecer.
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