Me pides un poema esta noche
y no puedo.
No puedo darte un poema
esta noche,
porque el mejor poema
eres tú,
desnuda frente a ese espejo.
Yo podría hablar de tu cuerpo,
inventarle metáforas,
decir que la luz
se demora en tu cintura
o que la noche
comienza en tus cabellos.
Podría.
Los poetas tenemos
esa mala costumbre
de ponerle palabras a todo,
como si nombrar la belleza
fuera una manera de comprenderla.
Pero esta noche no.
Esta noche las palabras estorban.
Te miro
y cada verso que intento
me parece menos verdadero que tú.
Escribo - luna -
y prefiero la luz en tus hombros.
Escribo - mar -
y me basta tu manera de mirarme.
Escribo - amor - y entonces comprendo
que tampoco esa palabra alcanza.
Tú sigues frente al espejo, sin saber que detrás de ti
un hombre pierde lentamente
su oficio de poeta.
No te muevas.
Déjame contemplar este instante
antes de que la noche termine,
antes de que vuelvas a vestirte
y yo tenga que regresar
a las palabras.
Mañana, quizá,
pueda escribirte un poema.
Esta noche no.
Esta noche
el poema
eres tú.
Con tus versos nos demuestras que, a veces, el mejor poema nace precisamente de la paradoja de no poder escribirlo. Tu texto es de una belleza sublime, sin duda.
ResponderBorrarSaludos Insolentes!!