Hay mujeres que se miran
y mujeres que se sienten.
Tú eres
de las que entran en el alma sin hacer ruido,
cambiando de lugar todas las cosas,
como si el corazón, al conocerte,
comprendiera que amar
es latir para los dos.
Tus ojos no miran:
desnudan silencios.
Tu boca guarda secretos
que mis labios desean aprender.
No quiero prometerte eternidades.
La eternidad es demasiado breve
para este amor...
y me faltaría vida para quererte.
¡Vaya que estás inspirado Gil! Ayer leí, no tuve tiempo de comentar y hoy ya hay un nuevo, bello y romántico poema
ResponderBorrar¡Me encantó! Ciertamente, hay por allí una inmensa musa que inspira a tu alma enamorada
Va mi abrazo
Que tengas un bonito finde
Unos versos bellísimos éstos que dedicas a tu amada.
ResponderBorrarAferradetes, Gil.
Excelente. Hay momentos de gran imaginación en tu poema. Que una mujer cambia el interior de un hombre, no hay dudas, pero es meritorio la manera en que lo expusiste.
ResponderBorrarY eso de que la eternidad es breve para querer a alguien me arrancó una sonrisa de admiración.
Un abrazo.
Un oxímoron que sumaria el poema y me encanta: la éternidad es muy breve para este amor. Un abrazo. Carlos
ResponderBorrarBella declaración de amor.
ResponderBorrarUn abrazo
Qué bien has cerrado el poema!!!
ResponderBorrarOlá Gil!
ResponderBorrarPassando para ler mais alguns dos teus bellíssimos textos.
Como sempre estão dotados de conteudo que transbordam de amor.
O fim deste texto é bem prova disso. Lindo!
Cumprimentos.
Un amor de otro mundo! Un abrazo Gil!
ResponderBorrarGil, qué intensidad tan serena tiene este poema donde el amor no se promete, sino que se habita. Esa imagen de entrar en el alma sin hacer ruido y de desordenarlo todo para que el corazón aprenda a latir de otra manera es de una belleza que permanece. Y ese cierre, donde la eternidad se vuelve demasiado breve, deja una luz que acompaña mucho después de leer.
ResponderBorrarUn fuerte abrazo.