Llegas y el café sabe distinto,
como si el día supiera que estás.
Tus manos encuentran lo que busco
en el borde de los platos,
en la espuma de la leche,
en los rincones donde la vida se esconde.
Cuando ríes, los semáforos
parecen detenerse
y hasta el tráfico tiene tiempo para mirarte.
Caminar contigo es aprender
que los zapatos gastados
también pueden ser felices,
que las calles rotas guardan historias
si alguien las camina contigo.
Me enseñas
que el silencio puede ser abrazo,
que las palabras
no siempre hacen falta,
que un "hola" a tiempo
cambia el rumbo de la tarde.
Estar contigo es vivir despacio,
sin apuros,
con la certeza de que los días comunes
se vuelven extraordinarios
cuando te quedas cerca.
Y si me pierdo en la ciudad,
tu voz es la brújula que me devuelve,
el mapa que dibuja mi alegría
con la simple certeza
de que existes.
Y los días son más azules y los pájaros suenan más melodiosa y... "Eso es amor. Quien lo probó lo sabe".
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