Quiero que esta noche me eches de menos,
sin darte cuenta,
cuando las luces descansen
y tu silencio me encuentre
sin darte cuenta,
cuando las luces descansen
y tu silencio me encuentre
Quiero que me sientas,
no como un recuerdo
sino como ausencia reciente,
como alguien que despliega tus velas
y aun esperas
no como un recuerdo
sino como ausencia reciente,
como alguien que despliega tus velas
y aun esperas
Quiero ser ese instante antes de que te duermas
cuando el pecho se estruja
y las ansias desbocan todas sus fuerzas
cuando el pecho se estruja
y las ansias desbocan todas sus fuerzas
Quiero que me busques con tus párpados arriados
con tu cuerpo ya cansado
con el corazón desesperado de fingir
que ya no duelo
Quiero que me eches de menos
no con nostalgia bonita,
sino con esa añoranza honesta
que no se pueda explicar
y solo tu almohada comprenda
no con nostalgia bonita,
sino con esa añoranza honesta
que no se pueda explicar
y solo tu almohada comprenda
Quiero que esta noche me eches de menos
sin permiso,
sin descanso,
sin olvido,
como yo te echo de menos.
sin permiso,
sin descanso,
sin olvido,
como yo te echo de menos.
Hermosa poesía.
ResponderEliminarUn saludo.
Muchas gracias por tu amable visita.
ResponderEliminarUn placer visitarte y disfrutar de tu poema tan bello.
Un abrazo.
Muchas gracias por pasar por mi blog.
ResponderEliminarTe sigo.
Un saludo.
Un poema muy sentido.
ResponderEliminarSaludos.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarGracias por tu huella
ResponderEliminarEchar de menos es un condicionante para la acción
Buena jornada
Gracias, por tu visita.
ResponderEliminarBella poesía, cuando echamos de menos a esa persona es pq todavía sigue ocupando un lugar en nuestra vidaun saludo.
No sé que ha pasado, el comentario ha desparecido.
ResponderEliminarBueno Gil , te decía que es muy bello el poema, el título ya es un poema, muy sugerente.
Gracias por tu visita.
Feliz semana.
Saludos
Un poema cargado de sensibilidad.
ResponderEliminarTambién me quedo por aquí.
Un abrazo y feliz lunes, Gil.
Poemazo les decimos por aquí...
ResponderEliminarTe sigo también.
Un hermoso poema me encuentro al venir a saludarte, y hacerme seguidora para intentar no perderme algunas de tus entradas. Un brazo
ResponderEliminarGil, he leído tu poema y me he quedado en silencio. Es de esos poemas que no se leen: se habitan. Al terminarlo, uno siente que acaba de atravesar la frontera entre la vigilia y el sueño, allí donde el amor se convierte en una forma de dolor dulce. Dices: “Quiero que esta noche me eches de menos, sin darte cuenta”, y parece que abrieras el poema con una plegaria íntima, casi susurrada, que busca ser sentida más que oída. Hay una belleza contenida en esa forma de pedir sin pedir, de aceptar el deseo como una forma de vulnerabilidad.
ResponderEliminarTu voz tiene una hondura de verdad emocional: no hablas de nostalgia idealizada, sino de esa “añoranza honesta” que desgarra, que no se puede nombrar. En esa precisión del sentimiento está la fuerza del poema. Lo que conmueve no es solo lo que dices, sino cómo lo dices: en cada verso hay un equilibrio entre la contención y el desborde, entre el deseo de ser recordado y la certeza de haber sido ya perdido.
El poema se mueve como una respiración nocturna: de pronto se contrae (“cuando el pecho se estruja”) y enseguida se expande (“como alguien que despliega tus velas”). La imagen de las velas desplegándose es especialmente hermosa: la memoria del ser amado como viento que impulsa, aunque el barco ya no esté en puerto.
Y cuando escribes: “Que me eches de menos / no con nostalgia bonita”, hay una madurez emocional inmensa. El hablante poético no mendiga amor, busca autenticidad. Quiere ser recordado no con ternura complaciente, sino con el temblor real de la ausencia. Eso convierte el poema en un acto de profunda verdad humana.
Al terminar, uno queda en silencio contigo, Gil, con esa última invocación: “sin permiso, sin descanso, sin olvido”. El amor, pareciera decir el poema, solo existe de veras cuando nos desborda y nos vence, cuando se convierte en un eco que no cesa, incluso en la noche cerrada.
Gracias, Gil, por este canto a la memoria viva del amor, por esa manera tuya de convertir la ausencia en presencia palpable.
Saludos
Este poema me atraviesa por la sinceridad con la que nombra la ausencia. No idealiza el recuerdo ni lo vuelve amable: lo muestra crudo, físico, como un nudo en el pecho y una vigilia que no deja descansar. Me conmueve especialmente ese deseo de ser pensado justo antes del sueño, cuando caen las máscaras y ya no se puede fingir que no duele. La imagen de la almohada como única confidente de una añoranza inexplicable me parece muy poderosa, porque todos hemos sentido alguna vez ese echar de menos que no se puede decir en voz alta. En el fondo, es un poema sobre amar sin tregua, incluso en la distancia, incluso en la noche. Me gustó mucho. También te sigo. Un abrazo
ResponderEliminarMe alegra haber leído tu poema
ResponderEliminarMe gusta tu blog
Abrazos
Otro gran poema que llega, llega al alma con esa profundidad en la forma de expresar tus bonitos sentires recodando la imagen soñada.
ResponderEliminarMi felicitación y admiración, Poeta Grande.
Gracias por danos tanto y tan bello.