No tengo manera exacta para describirte
Te me antojas
a veces
pasto verde de margaritas tiernas
danza de violín en primavera
sonrisa cálida de mar
espejo dulce de mirada traviesa
Te me antojas
otras veces
tormenta de volcán
duna ardiente de viento cambiante
marejada de huracán
firmamento de estrellas galopantes
Con todas me quedo
por ellas apuesto
no tengo manera exacta para describirte
tampoco la tienen mis ojos.
Gil, te escucho y reconozco en tu poema el pulso antiguo de quienes intentaron describir lo indescriptible. Tú mismo adviertes el límite de las palabras: no hay manera exacta para decir el misterio de una presencia amada. Recurres a imágenes que cambian como ella, que la celebran y la desbordan —la ternura y la tormenta, la caricia y el abismo—. Con ellas apuestas, sabiendo que ninguna basta. Me gusta que no renuncies, que sigas mirando incluso cuando tus ojos confiesan impotencia. En tu decir incierto late una verdad: el amor se nombra solo en su imposibilidad.
ResponderEliminarSaludos.
¡Qué bien, Gil! Me gusta.
ResponderEliminarUn abrazo y feliz día.
Todo un huracán de sensaciones transmite tu magnífico poema. Me encanta. Un abrazo
ResponderEliminarNos hacemos una idea de tu mirada, describes y percepción y eso nos tiene que valer. Un abrazo
ResponderEliminar