Te amo,
aunque a veces la vida no se vista
de la hermosura de los versos tiernos,
ni con el perfume de la tierra húmeda
ni con el rumor del mar de invierno.
La vida verdadera
es de senderos callosos,
de pasos pesados y abundancia escasa,
de pan de ayer sobre la mesa
y de pocos amigos que a ella regresan.
Y, aun así te amo.
Te amo,
y ya ves: mi amor
es cuanto vengo a ofrecerte,
sin más joyas
que los besos que me robas con tus besos,
sin más viajes
que nuestras noches descubriendo el universo,
sin más lujos
que mis hombros,
amantes de tus amores inmensos.
Te amo,
en la inmensa ternura de tu alma pura,
en la riqueza que irradian tus dos luceros,
en la tormenta y la calma de tus océanos.
Y si la vida insiste
en vestir de polvo los caminos,
que nunca pueda desvestir este amor
que, aun sin oro ni promesas,
ha elegido quedarse
para siempre contigo.